SEGURIDAD CONTRA CONFLICTIVIDAD

William Orlando Núñez C.

América, en especial Colombia, en la actualidad se desenvuelve en torno al tema de la seguridad, aspecto que mueve multinacionales, empresas de todos los órdenes, partidos políticos, corrientes académicas y filosóficas

El marketing y el consumismo están a la orden del día en los medios de comunicación o en los escenarios más disímiles; en todos ellos se habla de la seguridad como el paradigma a trasformar, aparecen entonces sofistas, gurús, tratadistas, analistas, politólogos y expertos que presentan profusos y profundos estudios alrededor de este el tema en boga.
Lo cierto es que hoy “la gente puede dudar de lo que se dice, pero siempre creerá en lo que se hace”, y es sobre esta frase donde empieza el dilema de la sociedad o bien del ciudadano común, quien a través de los medios de comunicación se entera que la seguridad está en plena recuperación y que esto conlleva a mejorar los aspectos económicos porque sectores como el agrícola, el turismo y las exportaciones hacen más dinámico al país. Esa crisis que se visualiza en el resto del mundo, no sucede en Colombia gracias a la seguridad, pero será esa la realidad cuando en las calles, parques, vías, buses, colegios y en los hogares se perpetran a diario hechos criminales, que desdicen o dejan por el suelo todas la teorías y afirmaciones que sobre el tema se muestran.
¿Qué pasa con la seguridad? Los expertos la clasifican en nacional, regional o estratégica, y a la vez la subdividen en pública y privada, dándole la responsabilidad de lo público al Estado, quien con sus medios debe procurarla sensa- ción (percepción) que todo marcha bien y que los habitantes del territorio se desenvuelven en la tranquilidad que le provee un cuerpo policial profesional y ético. Por otra parte, entrega la seguridad en el aspecto privado a una pujante industria, la cual asume roles de protección en aquellos lugares donde el Estado es insuficiente o no cuenta con los medios tecnológicos para desempeñarse.
Aparecen entonces en ese último aspecto, conceptos como seguridad física, al cual describe las medidas que previenen o detienen a intrusos antes de acceder a instalaciones, recursos o información. Estos pueden ser tan simples como una puerta con candados o tan elaboradas y complejas como múltiples anillos o niveles con guardias armados. La seguridad ejecutiva dedicada exclusivamente a la protección de personas a través de guardaespaldas, así como una nueva concepción profesional del tema se presenta con la ingeniería de la seguridad, ciencia encargada del estudio de la temática comentada, la cual luego de diagnósticos termina estableciendo los elementos claves siguientes:

1. Obstáculos, diseñados para frustrar a los delincuentes triviales o para retardar a los mas avezados o peligrosos.

2. Alarmas, conjunto de conceptos sobre iluminación, patrullas, y circuitos cerrados, todo diseñado para detectar a los intrusos.

3. Respuesta, encargada de repeler, capturar o frustrar (función de Policía).

Analizados los párrafos anteriores, se puede entender que la seguridad es por regla general una industria dedicada a proteger recursos y en la cual solo se ve al ser humano o ciudadano como el objeto final al que se le ofrece, promete y cobra por servicios especiales y muy profesionales de seguridad. Pero se perdió de vista que es precisamente el pueblo (comunidad), el destinatario de todos los esfuerzos del Estado para brindarle la calidad de vida que se requiere para vivir en armonía.

Equilibrio es igual a armonía y paz
En razón al olvido de nuestros líderes, quisiera hacer un recorrido por la época de los pensadores para traer los conceptos de Aristóteles cuando se preguntaba: ¿cómo debe vivir el ser humano? y ¿qué hace falta para que una persona pueda vivir feliz? La respuesta era que el ser humano solamente sería feliz, si utilizaba todas sus capacidades y posibilidades. Con respecto a la felicidad afirmaba que sólo la alcanzaría cuando pudiera vivir como un ciudadano libre y responsable, entonces es necesario hallar el “justo medio” donde se localice el equilibrio y la moderación, allí y solo allí encontraremos el equilibrio necesario para que la sociedad pueda vivir en paz y armonía.
Con respecto a los líderes y al gobierno, afirmaba que sólo el Estado puede cubrir la mejor organización de comunidad humana y clasificaba en tres las buenas formas de gobierno, una era la Monarquía en la cual el mandatario nunca debería permitir que se degradara a llegar a la tiranía; la segunda, la Aristocracia en la que de la misma forma ese grupo de líderes debía cuidarse de caer en la Oligarquía; y por último se refería a la Democracia, la cual posiblemente podría caer en una Demagogia. En la democracia se requiere que el pueblo reciba una buena enseñanza, concepto que viene desde Atenas cuando los sofistas se abrogaron esa responsabilidad por ser sabios o hábiles. Protágoras decía: “El hombre es la medida de todas las cosas”, lo que nos invita a retomar sus conceptos para hacer estimativos sobre qué es lo correcto en relación con las necesidades que vive el hombre, como ser social e individual.
Nace por esas épocas con Cicerón, el concepto de humanismo, es decir esa idea que coloca al individuo en el centro, lo cual coincide con la carta suprema del Estado Colombiano, cuando en 1991 se estableció como Estado Social de Derecho y es allí donde emana la supremacía del ser humano como centro de todo esfuerzo de gobierno, por brindarle los medios necesarios para que pueda ser feliz, es decir que utilice todas sus capacidades y posibilidades para tal fin.
Es importante para éste análisis mostrar como el artículo primero de la Constitución de 1991 define a Colombia como “un Estado Social de Derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la supremacía del interés general”. Ahora bien, queda claro entonces, que este Estado social de Derecho se funda en la dignidad de la persona humana; lo que significa que el hombre como persona no es un medio, sino el fin último del orden social justo.
Por ello, muy actualizados con el principio donde el hombre es el centro, recordemos como el Humanismo es el movimiento intelectual que se extendió por Europa a partir del siglo XV, viene de la palabra latina homo (hombre), una nueva forma de pensar que confiaba en el ser humano, en su razón y en su capacidad para cultivar todas las ramas de la sabiduría. Lo que se pretendía era una formación integral, claro está, eso era el ideal, por tanto considero conveniente recordar algunos personajes de la época, que de una u otra forma se aproximaron, ellos son:
Maquiavelo, en su obra El príncipe, aconseja cómo ha de actuar el hombre de Estado, el gobernante. Defiende que su conducta debe ser práctica y realista antes que ética, es decir, lo que importa es conseguir los objetivos, aunque lo que se haga no sea justo. Tomás Moro analizó los problemas de la sociedad y propuso un modelo de comunidad perfecta en su obra Utopía. Luis Vives criticó los métodos educativos de la época y esbozó el perfil del humanista perfecto.

¿Que quiere el hombre de hoy?
Pues quiere un mundo humano, donde las personas puedan vivir con seguridad y dignidad, sin pobreza y desesperanza que aunque es aún un sueño para muchos, debería ser una realidad para todos. En un mundo así, a cada individuo se le garantizaría una vida sin temor y sin necesidades, con igualdad de oportunidades para desarrollar plenamente su potencial humano. Construir la seguridad basado en lo humano es esencial, para lograr por fin el objetivo propuesto de convivir en paz.
La expresión “seguridad humana” fue utilizada por primera vez en 1994 en un informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se plasmó como una noción amplia y multidimensional de seguridad, donde el centro era esencialmente la persona y la comunidad, y no el Estado. Esencialmente, la seguridad humana significa una vida libre de amenazas profundas a los derechos de las personas, a su seguridad o incluso a sus propias vidas.
El Presidente de la primera reunión ministerial de la Red de Seguridad Humana, en Noruega, el 20 de mayo de 1999, afirmó que “la seguridad humana se ha transformado tanto en una nueva medida de la seguri- dad mundial como en un nuevo plan para la acción mundial. Ésta es el sello imborrable de una vida sin temor”. La seguridad humana y el desarrollo humano son por lo tanto dos elementos que se refuerzan y conducen mutuamente a un ambiente propicio para generar esa confianza y tranquilidad.
El concepto de seguridad humana como se ve, se acerca a las dos décadas y sin embargo bien parece que es nuevo en los ámbitos académico y político, y es implementado de manera diferente por los líderes naturales o por las autoridades legítimamente estatuidas, así encontramos que una época destacada de la Policía Nacional de Colombia soportó su plan estratégico institucional en el Humanismo; lo cual conduciría a cambios sustanciales en el tema de la seguridad, y por otra parte, el Plan Distrital de Desarrollo de Bogotá en el cuatrienio 2012-2016 se denomino “Bogotá Humana” con tres ejes fundamentales que dimensionaban en primer lugar la superación de la segregación y la discriminación; en segundo lugar se mostró cómo se debe enfrentar el cambio climático y el ordenamiento alrededor del agua, y por último la defensa de lo público, donde se fortaleció la seguridad a través de territorios de vida y paz. No obstante, cada vez que se habla de la seguridad humana se le mira como el “programa” de un alcalde y no como corresponde a la proyección de una planeación estratégica.
A modo de conclusión, se puede apreciar que es este el momento de proponer una investigación social cualitativa y cuantitativa para determinar soluciones, así como se realizó con el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (CEACSC) que indicó que en 19 de las 119 Unidades de Planeación Zonal urbana y rural en que está dividido el territorio distrital de las 20 localidades de Bogotá, se presenta el 52% de los delitos que acontecen en la capital colombiana, propuesta que según el artículo 12 de la ley 062 fue presentado a la alta dirección de la institución encargada de la seguridad sin que fuera escuchado sólo por provenir de una entidad y no del gobierno central.

Romper con la característica global
Es la oportunidad histórica para cambiar la concepción nacional de la seguridad puesto que basados en las últimas teorías administrativas sobre la prospectiva, como afirma Michel Godet en su obra de la Anticipación a la Acción: “Si el futuro no es producido por los mismos actores sociales sencillamente no ocurrirá”. Esta frase compila la gran planeación estratégica de la seguridad concebida en el “Programa CCS, Comunidades y Ciudadanos Seguros plan 75 Cien”, diseñado y aplicado desde la dirección de seguridad de la Secretaria de Gobierno de Bogotá en el año 2014, el cual centró su análisis en la conflictividad y logró establecer como en las Unidades de Planeamiento Zonal (UPZ) focalizadas ocurría el mayor número de delitos y que éstos no son otra cosa que el escalamiento violento del conflicto urbano, social e intrafamiliar que se vivencia en forma evidente en los 75 barrios de mayor afectación.
Esta es una forma sencilla o simple de leer la realidad de la comunidad como afirman Trout y Rivkin en su obra El Poder de lo simple, de tal forma que no sea un elemento más de documentos que nadie lee, sino que permita construir verdaderos estudios y estrategias de intervención que puedan llegar al corazón de los servidores públicos, teniendo como máxima premisa inicial la de hacer bien las cosas en beneficio de la comunidad. En segundo lugar, se deben aplicar las teorías como la “preferencia” para estudiar el pasado; el pronóstico, la predicción y la previsión para analizar el presente; y la prospectiva para imaginar el futuro, todo en conjunto con la comunidad, bajo el liderazgo de los gobernantes o funcionarios del orden local o departamental, con la asesoría permanente del policía, quien debe tener la capacitación suficiente para obtener un producto académico y práctico, que comprometa a todos los sectores de la sociedad, requisito indispensable para que la estrategia de análisis de conflictividad nos permita reducir hechos contrarios a convivencia y de esta forma podamos acercarnos a un futuro aceptable, conveniente y deseado, donde el imaginario colectivo e individual nos den su aceptación y aprobación a través de la apropiación de esta nueva política de seguridad.
Es hora de romper con la característica global de atacar el delito trasnacional y su afectación a la estructura de los Estados y pasar en forma inmediata a intervenir la conflictividad que se vive en todos los escenarios públicos y privados con todos los medios de que disponen los entes territoriales y las instituciones encargadas de liderar y responder por la seguridad de los ciudadanos. Para que esto sea una realidad, el policía debe ser generador de procesos de desarrollo económico y social, lo cual significa que hace parte de la comunidad, que se compromete con el progreso de la sociedad, y no como hasta hoy, que busca persigue y encierra delincuentes como máxima tarea de beneficio comunitario.