CIUDADES INTELIGENTES… cuando la ciencia y la tecnología se ponen al servicio de la humanidad

Carolina Echeverri

La instalación de cámaras de seguridad y sensores, así como el desarrollo y la utilización de aplicaciones de movilidad han permitido a los usuarios obtener en tiempo real datos

Más que una expresión, es una realidad: “el mundo no se detiene”. Un claro ejemplo de esto es el acelerado crecimiento de su población y, como consecuencia, de las ciudades del planeta. Revisemos algunos números al respecto. De los 7 mil 200 millones de personas que habitan aproximadamente hoy la Tierra, se estima que 50% se concentra en centros urbanos y, de acuerdo con las Naciones Unidas, se prevé que alrededor de 70% de la población mundial habitará en las ciudades para 2050.
Pero, ¿en qué se traduce esto? Quizás su respuesta inmediata sea: caos. Y esa, sin duda, es una palabra que engloba una serie de problemáticas que hemos venido confrontando en las últimas décadas: crisis energética, contaminación, inseguridad, servicios públicos ineficientes, desempleo, problemática habitacional, desmejora en la calidad de vida.
Sin embargo, y como es lógico pensar, lo importante aquí no es el problema. ¿Cuál es la solución? Ciudades como Tokio, Londres, Nueva York, Zúrich, París y Ginebra son un ejemplo del camino a seguir. Han optado por su transformación en smartcities, término que seguramente les resulta familiar, pero cuya definición quizás no conozcan a detalle.
Las llamadas “ciudades inteligentes” han logrado el ansiado equilibrio entre innovación, sostenibilidad y calidad de vida. Pero, ¿qué las hace inteligentes? Las smartcities aplican la ciencia y la tecnología para mejorar la calidad de vida, y por ello se enfocan en desarrollar soluciones:

Por ende, los indicadores para medir los “niveles de inteligencia” de una ciudad se centran, principalmente, en gobernanza, planificación urbana, gestión pública, medio ambiente, cohesión social, movilidad y transporte, seguridad, bienestar humano y crecimiento económico.

“La ciencia no es solo ciencia…
...cuando se aplica para mejorar el mundo”. Como les comenté, las ciudades inteligentes utilizan la ciencia y la tecnología para desarrollar soluciones que resuelvan problemas concretos de la sociedad y que, por ende, impacten en las condiciones de vida de los habitantes.
Pero, permítanme mostrarles algunos ejemplos de ello para entender mejor el concepto. En la actualidad, existen en el mercado mundial películas de redirección de luz que gracias a su tecnología de microprismas, favorecen el aprovechamiento de la luz natural llevándola del exterior al interior de los hogares y las oficinas; reduciendo el consumo de energía eléctrica y brindando confort a los usuarios al lograr mayor iluminación —sin calor—, y disminuyendo el impacto de los rayos UV.
Otro avance científico significativo busca contribuir a solucionar la problemática mundial de acceso al agua. Se trata de recubrimientos y revestimientos poliméricos que prolongan la vida útil del sistema de infraestructura para la distribución del vital líquido (tuberías, tanques, depósitos, bombas y válvulas). Minimizan las fugas, reducen las interrupciones de suministro por mantenimiento y sustitución de piezas, y acaban con los inconvenientes de la conocida “agua marrón” tan perjudicial para la salud.
Y si hablamos de movilidad, las innovaciones en este sentido son considerables. Garantizar el desplazamiento rápido y seguro de las personas dentro y entre las ciudades se ha convertido en una de las principales metas de las smartcities, lo que ha sido posible gracias a tecnologías como la retroreflectividad que ha contribuido con la adecuada señalización de vías.
Estas mismas tecnologías también han permitido una reducción significativa de accidentes de tractocamiones en varios países de Europa y América, gracias a la implementación de regulaciones relacionadas con el uso de cintas para marcación vehicular, que permiten incrementar la visibilidad de los vehículos de carga y que actualmente se encuentra en estudio en nuestro país.
De la misma manera estos avances han permitido que se reduzca la congestión en las zonas de mayor afluencia de las ciudades a través de identificadores electrónicos que generan cobros a los usuarios por transitar en ciertas horas del día.
La instalación de cámaras de seguridad y sensores, así como el desarrollo y la utilización de aplicaciones de movilidad han permitido a los usuarios obtener en tiempo real datos como la intensidad del tráfico y la velocidad a la que transitan los vehículos, lo que incide en su selección de ruta y el tiempo de traslado.
Otro avance relevante han sido los peajes electrónicos, que permiten el cobro sin que los vehículos tengan que detenerse o disminuir su velocidad, evitando así las filas y las demoras asociadas al cobro tradicional por medio de casetas. Asimismo, la vigilancia automática de infracciones contribuye con la seguridad vial al permitir un mayor control de las leyes de tránsito y garantizar la debida entrega de las multas a los infractores.

Realidad latina
De acuerdo con el estudio anual Cities in Motion realizado por el Centro de Globalización y Estrategia del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), ubicado en Navarra, España; que evalúa los avances de las “ciudades inteligentes” del mundo, algunas urbes de Latinoamérica han iniciado con éxito su proceso de transformación, no a la velocidad ni con los mismos estándares que las principales del globo, pero han demostrado progresos relevantes al respecto.
Este año, Santiago de Chile obtuvo el primer lugar de Latinoamérica en el ranking y ocupó el puesto 80 de la lista general, escoltada por Buenos Aires (85), Medellín (99), Ciudad de México (100) y Monterrey (102). Con estos resultados las ciudades de América Latina se ubican en el índice de “desempeño relativamente alto”, pero aún su “margen de mejora es muy amplio” y es una conclusión del IESE que comparto totalmente.
Convertirse en una “ciudad inteligente” no es una tarea fácil y significa un gran esfuerzo para los dirigentes de las ciudades y los países, la empresa privada y los habitantes; pero los beneficios que representan tanto económicos como sociales y ambientales son indiscutibles y deben alentarnos a aceptar el desafío.
Como ciudadano consciente de esta realidad, sé que es posible transformar el caos en orden y a las tradicionales ciudades conflictivas en modernas e inteligentes, tan solo debemos enfocarnos en conocer más acerca de las posibles soluciones.