¿QUIÉN DIJO “PRIVACIDAD” EN MI TELÉFONO INTELIGENTE?

La tecnología nos ha facilitado la vida, pero también ha logrado invadir nuestra privacidad y obtener nuestros datos para diversos fines

¿Sabía que nuestra vida es completamente pública en manos de completos desconocidos? En la palma de su mano está su vida entera ¡y se vende! O dígame usted, ¿para qué necesitaría una app inocente de simples juegos su ubicación? Entregamos información valiosísima a cualquiera con sólo aceptar las condiciones de apps. Algunas veces completamente inútiles y que la mayoría de las veces bajamos sólo por ociosidad. Estamos dando “aceptar” para que se utilicen nuestros archivos multimedia, nuestra ubicación y fotos.

¿Quién lo ve?
Las empresas que fabrican los móviles, las que diseñan los sistemas operativos, las que crean las aplicaciones, las proveedoras de servicios celulares, las que nos ofrecen correos públicos, etc. Nuestro historial registra información como:

    Quiénes somos con nombre y apellido.

    Dónde vivimos.

    Dónde trabajamos o estudiamos.

    De dónde venimos y a dónde nos dirigimos.

    Con quién vamos.

    En qué restaurante comemos y cuánto nos tardamos.

    A quién llamamos y cuánto tiempo hablamos.

    Con quién nos mensajeamos y qué.

    Con quién salimos de vacaciones.

    Si vamos en avión.

    Dónde nos quedamos.

    Qué compramos.

    Si nos enfermamos.

    Qué nos interesa en los buscadores.

    Si compramos casas.

    Qué tipo de auto buscamos.

    Si tenemos redireccionado el SMS de nuestra banca móvil.

    También se registran los depósitos especificando la cantidad y cada cuánto tiempo se realiza.

    Se registra todo porque cometemos tres errores:

  1. Infravalorar la información que generamos en nuestros equipos cada día.
  2. Depreciar el valor real de esa información.
  3. Pensar que nuestra información no le sirve a nadie.


Somos un algoritmo
Cada vez que checamos nuestro celular estamos conectados al satélite, a la red y generamos información, por tanto, un historial. Nuestro perfil es automático que de momento podría no ser útil a nadie, pero el día que a alguien le interese nuestra vida podría cambiar porque se convierten en nuestros antecedentes.
    ¿No podría ser esa una herramienta poderosa para, por ejemplo, negarnos la visa de entrada a algún país? ¿No podrían esas empresas de apps vender nuestra información? ¿No podrían interesarle a alguien más comprarla? La respuesta a estas tres interrogantes es la misma: sí.
    No tenemos derecho a quejarnos de inseguridad si seguimos siendo nosotros mismos la principal fuente de fuga de información. Aquí y ahora debemos empezar a valorar la información que generamos en un mundo donde la tecnología nos ha rebasado y la prevención ha quedado de lado. Yo lo llamaría teléfono inteligente, ¿pero en manos de quiénes hemos denotado lo contrario?