¿Cómo cerrar la brecha entre EL GERENTE Y DIRECTOR DE SEGURIDAD?

Allan J. Behul
Los 5 tips para lograrlo

A veces el gerente de Seguridad puede sentirse un poco despreciado en su puesto; especialmente cuando ve que su jefe (el director) gana más, tiene un mejor coche, prestaciones y prestigio en la organización por el posicionamiento jerárquico. Eso en ocasiones incita a una frustración, enfado, impotencia o depresión, en ocasiones culminándose en la expresión ya en la punta de la lengua: “que agarro mis cosas y me voy”. Pero antes de tirar la toalla y rendirse, debemos llevar a cabo una reflexión profunda, en términos de dónde estamos exactamente con respecto a nuestro perfil como colaborador y dónde actualmente queremos ir ya que suele suceder que llegamos al puesto sólo para encontrar que no lo quisimos después de todo, pero comentamos sobre el mismo.

¿Cuál es la diferencia entre un gerente y un director de Seguridad?
Por default, ambos deben ser expertos en la materia. No dudaré que han vivido situaciones en donde el gerente de Seguridad es el experto y su jefe es de otra área, provocando aún más disparidad, particularmente cuando el dirigente no conoce el tema y pretende opinar sobre algo que no le incumbe. No obstante, para no complicar el asunto, vamos a imaginar que ambos poseen el conocimiento adecuado.
Un gerente supervisa a los empleados y un director al o los gerentes. Es probable que el gerente esté más metido en las operaciones cotidianas que el director, quien normalmente tiene una vista a la planeación de largo plazo y está encomendado con las tareas de alto nivel. Si hacemos una analogía con un barco (en este caso el Departamento), el gerente sería el capitán, manejando el timón y asegurándose que la tripulación (los guardias) están cumpliendo con sus deberes, mientras el director (el Almirante) se encuentra en el cuartel estratégico, analizando la carta de navegación (el plan de negocio) para trazar la ruta a seguir.
Con un ojo al horizonte y el otro al posible ascenso (si es su deseo), el gerente pudiera robustecer su arsenal con los siguientes cinco tips:

Educación
Antes, en las direcciones de Seguridad era suficiente contar con una Licenciatura o Ingeniería. Hoy en día, el campo ha cambiado. Muchas empresas, en especial las transnacionales, ya exigen que los directores de Seguridad cuenten con un posgrado y en algunos casos con una especialidad completamente no relacionada con la seguridad, por ejemplo, una Maestría en Administración de Empresas, Finanzas, etc. Si eres un gerente y tienes una Licenciatura o Ingeniería, es recomendable ver la posibilidad de continuar con la educación, especialmente cuando varias empresas ofrecen un subsidio hasta cobertura al 100% de los gastos para cursar una Maestría o Doctorado. Nunca terminamos de aprender, si pensamos que sabemos todo, estamos perjudicándonos. Debemos adoptar una mentalidad del “estudiante perpetuo”, siempre abiertos a nuevos temas y tendencias y el hecho de someterse a una educación continua tiene el beneficio intrínseco de mostrar que poseemos el interés de superarnos, algo visto muy positivamente por las compañías.

Idiomas
“Es que vivo en México. Debe ser suficiente que hablo español.” De acuerdo, si planeas vivir de una forma aislada, no viajar al extranjero y definitivamente no trabajar para una empresa con sede en otro país. Si te encuentras en una empresa extranjera o tu organización tiene tratos de negocio con otros países, sí vale la pena aprender otro idioma. Hace unos años todavía se pudo llegar a una dirección de Seguridad (a lo mejor de “panzazo”) con sólo español. Hoy es sumamente difícil de hacerlo. Simplemente abre cualquier anuncio de puesto de director o CSO de Seguridad en LinkedIn o habla con un headhunter corporativo y posiblemente te sorprenderá que la mayoría (sino todos) los puestos exigen inglés. Y tiene sentido, muchas empresas “gringas”, de la Unión Europea o el Oriente, no hablan español (y es probable que no vayan a hacerlo). Si a ti te interesa ascender al siguiente nivel, es recomendable. Sólo requiere motivación, disciplina y la voluntad de llevarlo a cabo.

Astucia política
Sin duda, una de las habilidades elementales a desarrollar como director de Seguridad es la astucia política. “Yo voy a decir qué tengo que decir y de la forma que yo quiero y me vale gorro”. Perfecto. Y cuando estás firmando de “recibido” tu cheque de salida de la empresa por tener una “actitud” agresiva, cerrada, inflexible, soberbia y hasta prepotente, a lo mejor te darás cuenta que hubo otra manera de decir o escribir por correo electrónico lo que deseabas expresar. No todos tienen la habilidad de articular sus pensamientos de forma verbal. Y tampoco todos son “políticos”, al estilo de los cuales podemos ser testigos viendo las noticias cada noche, quedando asombrados por la elocuencia y uso de léxicos borrosos y ambiguos (en esencia la paja) que a lo único que nos inducen es a una jaqueca. No obstante, un poco de astucia política nos serviría bien. Nadie está diciendo (o esperando) que toleremos a los “patanes” que de vez en cuando se encuentran en las organizaciones (por no utilizar otro descriptivo con la letra “P” con mayúscula), pero sí, debemos tratar de no impactar potencialmente a nuestro futuro económico. Evitamos contestar por contestar y menos si es algo controversial. Nunca copiemos en un correo a todo el mundo y no juguemos ping-pong de respuesta/contra respuesta. Si sientes algo en el estómago (que no fue el resultado de comer de nuevo en la calle) no contestas de impulso. Respira profundo, da una vuelta en la oficina (o en el estacionamiento) y si forzosamente tienes la necesidad de escribir, hazlo utilizando un borrador y no el correo original. Por cualquier accidente (o Ley de Murphy) queremos evitar un envío prematuro. Ya cuando terminaste la redacción, guárdalo y si puedes, duérmete sobre el mismo. Seguro en la mañana, la cabeza estará un poco más fría y así podrás analizar tu composición de nuevo, potencialmente evitando un arrepentimiento. Todo se puede resumir en dos palabras: “inteligencia emocional” y si logramos identificar y manejar nuestras emociones ya estamos un paso más cerca a nuestra meta.

Alianzas
Si estamos en el ring de la Lucha Libre AAA, armando una campaña política o en el clima laboral, necesitamos alianzas. “Yo soy yo y soy mi propia isla”. OK, Islandia. Y en el momento en que estás derrotado por bancarrota o defendiéndote solito contra “todos” en la sala de juntas del consejo, rápidamente te percatarás de la importancia de tener a estas personas, que te pueden brindar soporte (o por lo menos mitigar el efecto de un “ataque frontal” a tu persona). Tres varillas unidas son muchísimo más difíciles de romper que una sola. Muchas veces no es tan fácil consolidar las mismas alianzas, aún más cuando perteneces al área conocida por hacer cumplir “la ley y el orden” de tu empresa. A pesar de todo, nos conviene tratar por lo menos conseguir un par de mancomunidades y si de plano no es posible, debemos buscar convertir a nuestro jefe (s) directo(s) en uno.

“Protegiendo al rey”
El tip de oro. Aunque “nunca” regresarás a la escuela, no puedes sacar más que “Dat is tu moch” (sic), tienes la astucia política de un líder global (quien recién ha tenido su propia serie de televisión y se convirtió en presidente) o la habilidad de obtener alianzas como Corea del Norte; hay un deber que tienes que asegurar. La protección del “rey” (o en su caso “la reina”). El mando de la empresa o podría ser en tu micro-reino, tu “boss”. La más rápida forma de “caer en desgracia” con la “realeza” es, por ejemplo, no establecer qué y cómo se comunican las cosas entre ustedes dos o peor, “apantallarlo/a” de una forma u otra. “Es que no pensé que fuera importante decírtelo”, cuando te reclama por algo que sabían en la oficina corporativa en el extranjero antes de que él/ella lo supiera (allí no hay remedio, puedes casi empezar a empacar tus pertenencias en una caja de cartón). Entender a esta persona debe ser tu directriz principal, alinearse con su estrategia, con su plan, con su pensamiento, puede ser “el as” que triunfe sobre las otras cartas y consolidar tu nueva vida corporativa como director de Seguridad. Promoviendo ideas o posturas en desalineación con él/ella o peor contra las de la empresa, podrían ser fácilmente interpretadas como rebelión o motín, expidiendo tu traslado a la soga.

Ya llegaste. ¿Y ahora qué?
¡Wow! ya lo lograste, eres el nuevo director o CSO de Seguridad. ¡Bravo! Y resulta que no es que lo esperabas. Juntas tras juntas tras juntas, conferencias telefónicas y un tsunami de correos que te aplastan cotidianamente. Balbuceos políticos y un surtido impresionante de nuevos “egos” y “protagonistas” compitiendo por la atención del rey/reina. ¡Ahhhhhhh! Quiero regresar a las trincheras. Tengo más personas encima de mí que nunca y colaboradores que no entienden que tienen qué hacer. Ni modo. Porque tú lo pediste.
Piénsalo bien antes de mover el péndulo. La dirección de Seguridad puede ser fantástica si es lo que realmente quieres. Sino, mejor quédate en donde estás (probablemente hay un poco menos de “P”s…).