La gestión del clima organizacional como método preventivo de actos terroristas

Juan Manuel Iglesias

 La fuerza de las redes sociales como una herramienta para el adoctrinamiento de ideologías en adolescentes vulnerables

 

 

P

ara los yihadistas, uno de los objetivos del uso de la red es poder captar futuros terroristas occidentales, es decir “seducir a través de la ideología yihadista” a jóvenes ciudadanos de los países que ellos consideran enemigos, o más bien “infieles”. Por ejemplo en el caso de Al Qaeda, tal como menciona Rodríguez Morales (2012), fue el clérigo norteamericano de origen yemaní Anwar Al Awlaki, quien utilizó las redes sociales y páginas de Internet para incorporar a futuros terroristas, así como para reivindicar atentados1. Entonces, los medios masivos como Al Amaq, la agencia de noticias del Daesh, pero sobre todo Internet, cumplen con el rol pedagógico de expandir el discurso antiamericano y antisemita, la ideología radical islamita2  y el reclutamiento a través de Internet que según Carlini (2015), ha sido más efectivo con Daesh que con Al Qaeda debido al uso de la “guerra psicológica” que el primero hace en la web y en los medios transmitiendo imágenes aterradoras como la decapitación de rehenes.

Ahora bien el target o “nicho” al cual apuntan los mensajes está dirigido a los “lobos solitarios” jóvenes de clase media, occidentales, universitarios que actúan por cuenta propia. Carlini (2015, 9) cita Abdel Bari Atwan, escritor y periodista palestino, quien afirma que “la mayoría de quienes participan o se sienten atraídos por ISIS son adolescentes o en sus veinte; un 89% es activo online de los que un 70% usa a diario los medios sociales pasando un total de 19 a 20 horas semanales en Internet”.

El uso de la red para propaganda ideológica y guerra psicológica ha aportado una “imagen” de terror, la posibilidad de networking debido a la descentralización de las organizaciones terroristas después del 11-S configuran una amenaza a tener en cuenta. La red permite que miembros de diferentes grupos puedan relacionarse, apoyándose mutuamente en sus acciones. Planear y coordinar ataques es más fácil y más barato. Esto posibilitó la oportunidad de hacerlo con ataques a nivel global3.

 

¿Cómo
puede
afectar
este
riesgo
a
las
corporaciones
en
materia
de
seguridad?

Estamos ante un nuevo tipo de terrorismo global conocido como low cost, es decir un terrorismo que no necesita grandes recursos para realizar un atentado. Los “lobos solitarios” pueden ser miembros de nuestras organizaciones. Hoy los jóvenes son vulnerables al adoctrinamiento por parte de estos grupos, especialmente si se encuentran desarraigados emocionalmente, es decir si sienten que no forman parte de ningún sitio, que no se les reconoce en sus valores y capacidades y en especial cuando no pueden desarrollar ningún sentido de pertenencia hacia una estructura.

En la medida que la organización desarrolla políticas, planes de inclusión y motivación a través de la gestión de climas institucionales consultivos o de participación en grupos (Likert), podremos reducir el riesgo de que nuestros colaboradores puedan ser seducidos por una ideología que le promete el paraíso a cambio del “suicidio ritual”. Si les damos a nuestros jóvenes un lugar donde se sientan parte y puedan desarrollar su potencial (empowerment) y a su vez trazar su proyecto de vida podremos combatir esta ideología de la muerte. Sabemos que el medio ambiente es algo “objetivo” y está conformado, por ejemplo, por estilos de liderazgo y que a su vez éstos pueden generar motivación o frustración. La actitud de un trabajador en un ambiente sin incentivos, autoritario o empobrecido será muy poco proactiva sino más bien reactiva, lo que constituirá un riesgo que debemos prevenir. Si seguimos a Likert, un liderazgo autoritario genera un ambiente que se percibirá como un clima desfavorable que en vez de generar motivación, madurez y autonomía (que son tres cosas que debemos lograr en nuestros colaboradores), generará frustración, estancamiento y dependencia propio de los climas cerrados. Como diría Popper, en las sociedades cerradas el progreso y el conocimiento no pueden desarrollarse, lo mismo le sucede en una organización cerrada al espíritu creativo, al cambio, la innovación y el desarrollo. Un clima autoritario restará en aportes creativos de nuestros colaboradores sustrayendo oportunidades y ventajas competitivas a la organización, aparte generará un ambiente poco saludable, de incomodidad y con alto riesgo de conflictos y quizás de corrupción y violencia.

Para ello podemos desarrollar modelos de gestión desde el desarrollo del liderazgo situacional (Hersey-Blanchard), que permiten el desarrollo de la autoestima, la responsabilidad y sobre todo la autonomía que empodera a las personas y las llevan a la madurez laboral. 

Una persona feliz, que siente que pertenece a una organización y es reconocida, que logra concretizar sus objetivos, que tiene sueños que a su vez son estimulados por la organización difícilmente pueda ser adoctrinada por los ideólogos del yihadismo.