El rol de la seguridad en las ciudades inteligentes

La tecnología no se usa como herramienta aislada sin la participación colectiva de la comunidad y la solidaridad de la población

Latinoamérica se presenta como el escenario central para el desarrollo de ciudades inteligentes en los próximos años. 

Chile, Colombia, México y Uruguay son pioneros en implementar modelos que fueron creciendo y que hoy están siendo adoptados en otros países como Argentina, Brasil, Panamá y Perú.

En una región que alberga el 9% de la población mundial, pero en la que se cometen el 33% de los homicidios1, ocupando el primer lugar en el podio de las regiones más violentas del mundo. En la que el costo de esa violencia promedia el 3% del PBI, mientras que en educación invierte un promedio del 5% del PBI2. Una región en la que sus habitantes ubican a la seguridad como uno de los tres principales temas de la agenda de cada país.

En este contexto, los profesionales de la seguridad tenemos el deber de hacer el aporte necesario, para que la implementación de los modelos emergentes de ciudades inteligentes, impacte positivamente en la seguridad de nuestras comunidades.

Los principales aportes deben enfocarse en los cuatro pilares de las ciudades seguras:

1.

  La presencia en el territorio, mediante una planificación urbana inteligente, que invite a la participación vecinal. La aplicación de tecnología en cámaras, alarmas comunitarias, botones de pánico en parques y escuelas y equipos de georreferenciación para vehículos de servicios públicos y transporte.

2.

El liderazgo, comunicando en forma clara y oportuna a todos los segmentos de la sociedad, siendo proactivos con la información obtenida en cada punto de contacto con la comunidad, mediante una gestión pública inteligente. Toda la información que necesitamos para gestionar existe en alguna base de datos de gobierno. 

3.

  Impulsar la participación ciudadana mediante el lanzamiento de foros basados en tecnologías. Es en la seguridad donde más sentido hace la gestión en tiempo real. Involucrar a la comunidad en las encuestas de victimización y en la asignación de una parte del presupuesto asignado a seguridad.

4.

  Asegurar la continuidad, con pronósticos acertados y planes de respuesta efectivos basados en información en tiempo real de la distribución de recursos.

Es evidente que el Estado es el principal impulsor de las iniciativas de ciudades inteligentes, pero sin duda, son necesarias alianzas firmes con el sector privado y las universidades para hacerlas realidad.

Los desarrollos urbanos más modernos y exitosos están basados en este tipo de alianzas, en las que la participación del sector privado puede ser indirecta, mediante contribuciones monetarias; directa, ejecutando los proyectos y desarrollos; o mixta, en la que hay aportes de capital y ejecución por parte de las empresas.

Latinoamérica tiene ejemplos concretos de cada tipo de alianzas, como el caso de “Disque-Denuncia” en Brasil, “Proyecto Puente Belice” en Guatemala, “Plan Maestro de Alumbrado Público” en Chile, “Sistema de Videovigilancia” de Medellín y “Desarrollo Urbano Panamá Pacífico” en Panamá. 

Las alianzas público-privadas de participación mixta, en las que las empresas participan en la ejecución de los proyectos, son las que más oportunidades presentan para que los profesionales de seguridad realicen intervenciones positivas para mejorar la cohesión social y reducir la delincuencia.

Acercar la tecnología a cada ciudadano nos proporciona información única para mejorar los mecanismos de prevención del delito. Los próximos años, la implementación de smart city en nuestras ciudades nos da esa oportunidad. No la desaprovechemos. Conectados estamos más seguros.