KARLA BRAUNSTEIN BALLESTEROS Y ALEJANDRO BROM NEYRA, VOCACIÓN POR LA SEGURIDAD

Tania G. Rojo Chávez y Jorge H. Acosta / Staff Seguridad en América

SEA tuvo una entrevista con los directores de dos importantes empresas de seguridad, que nos demuestran que no sólo el trabajo es lo que ha llevado a sus negocios en el lugar donde están, sino que la familia es parte fundamental en su vida

En esta ocasión conseguimos entrevistar a Alejandro Brom Neyra, director general de Brom y Asociados; y a Karla Braunstein Ballesteros, directora general de Shield Global Services, quienes no sólo comparten su pasión por la seguridad, sino también sus vidas como una de las parejas más reconocidas en esta industria.

Para Alejandro Brom, su vida se relacionó con la seguridad desde que comenzó a trabajar en 1993 en la Procuraduría General de la República (PGR), aunque su carrera no la siguió en esa institución. “Vi inestable mi posición en el gobierno y ya había tenido entrenamiento, principalmente en la protección a ejecutivos y funcionarios, así que decidí empezar a poner mi propia empresa y dar algunos servicios. Me encantó la profesión y decidí renunciar a la Procuraduría y dedicarme 100% a mi compañía”, expuso.

En el caso de Karla Braunstein la seguridad era un tema desconocido. “Inicié cuando conocí a mi esposo. Desde que nos hicimos novios comencé a ver todo lo que significaba la seguridad y empezó a llamar mucho mi atención. Eso fue hace unos 15 años”.

Tanto Alejandro como Karla están totalmente dedicados a esta industria, no han incursionado en otro tipo de negocios. “Soy amante de la seguridad”, nos comentó Alejandro, mientras que Karla enfatizó: “Si cuenta ser mamá entonces sí tengo otro trabajo”.

La familia es su prioridad

A pesar de tener a su cargo dos importantes empresas de seguridad como son Brom y Asociados, y Shield Global Services, la familia Brom Braunstein intenta aprovechar los fines de semana con sus hijos y con su familia. 

“Tenemos un pacto familiar que de lunes a jueves me dedico a trabajar, los viernes llego a la hora de la comida a mi casa y pasamos desde el viernes a las dos de la tarde, sábado y domingo con mis hijos. Somos muy creyentes de que hay que atender y darle tiempo a las personas de mayor edad, principalmente a nuestras madres y hacemos de todo, desde salir a andar en cuatrimoto con mis hijos o comemos quesadillas en cualquier recóndito lugar, donde haya paisajes bonitos. Hacemos todas las actividades normales que se nos presenten en fin de semana con nuestra familia o amigos”, explicó Alejandro.

Al cuestionarles cuáles son sus planes a corto, mediano y largo plazo, Karla nos contó que a corto plazo desea continuar creciendo en el sentido personal y profesional ya que, dijo, eso se va transmitiendo a los hijos y se ve con su esposo. Por su parte, Alejandro tiene planeado perfeccionar el día a día de la empresa, que le permita tener mayor tiempo disponible con su esposa y con sus hijos, “que ojalá se volviera de medio tiempo para estar todas las tardes y todo el fin de semana con ellos. Mi profesión me pone muy contento, muy satisfecho, pero lo que verdaderamente me hace muy feliz es estar en mi casa con mi familia”.

A mediano plazo, Alejandro intenta seguir fomentando a sus hijos el espíritu de esfuerzo y de trabajo. “No soy creyente de heredar bienes ni medios, sino de dar buenos ejemplos y dedicación de tiempo de la mano con ellos”. Por su parte, Karla intenta siempre estar tomando cursos y actualizándose.

Ambos comentaron que a largo plazo intentan jubilarse jóvenes. En particular, Karla busca estar siempre con su marido y ver a sus nietos, cuando los tenga. En el caso de Alejandro, quiere formar un Consejo de Administración con el debido gobierno corporativo de la empresa, dedicarse a ser asesor de su misma compañía y consultor para clientes, con el fin de que pueda tener todo el tiempo para poderlo dedicar a su esposa y a sus hijos.

Un matrimonio ejemplar

Alejandro Brom y Karla Braunstein nos dieron la oportunidad de entrar un poco más a la parte humana y a las experiencias que han vivido en estos 15 años de conocerse. Como es de esperarse, toda historia de éxito requiere de un buen trabajo en equipo y de familia. Todo esto gracias a que un amigo en común los presentó y comenzaron una historia juntos.

En el momento que comenzamos a hablar con ambos simultáneamente se percibió un ambiente de relajación por parte de ellos al sentirse cómodos delante de nosotros, quienes estábamos atentos a su relato, y eso nos motivó a preguntarles sobre su matrimonio y sus hijos. “Tenemos 12 años de casados y dos hijos: Patricio, de ocho años; y Hanna, de seis”, dijo Karla. 

La sonrisa de ambos denotaba una satisfacción palpable y de una complicidad edificada por muchos años de compañerismo y sacrificio. Ambos cruzaron sus miradas por un instante y la siguiente pregunta es por tanto lógica al inquirir qué es lo que más cautivo a la pareja el uno por el otro al conocerse. 

“Su plática” —contestó ella sin dudar— “me cautivó. Es una persona que tiene una conversación maravillosa y aparte es muy ocurrente, entonces me reí mucho esa vez”.

No puede ocultar el gozo de sus sentimientos por él, al terminar su frase con una sonrisa tan honesta. Su pareja, en una sinergia natural, prosiguió inmediatamente: “A mí su nobleza de corazón y el amor por los demás” y — mostrando esa cualidad que enamoró a su esposa— remató: “solamente así me podría aguantar”. Las risas espontáneas aparecieron entre nosotros y el ambiente era tan cordial que interrogamos sobre cómo convergieron los dos en la parte de la seguridad, pero desde la perspectiva de pareja. Caballerosamente, Alejandro cedió la palabra al amor de su vida:

“Para mí fue complicado al principio, la verdad nunca había estado cerca del tema de seguridad, sin embargo, ver la pasión con la que Alejandro toda la vida habló de ella y cuando me contaba algunos casos de clientes o cosas que había hecho, me volvía loca el escucharlo hablar” —su mirada muestra vehemencia en sus palabras— “con el sentimiento con el que veía las cosas. Eso hizo que en mí despertara las ganas de aprender más de la seguridad y entender que iba a ser su esposa y que si hablaba con tanta pasión de su trabajo pues imagínate ya juntos”, rememoró Karla.

Por su parte, Alejandro mencionó que ya tenía varios años con la empresa cuando se dio cuenta que había una fuerte tendencia. “Yo tenía la necesidad de incluir servicios de protección electrónica y le propuse a ‘Karlita’ hacerse cargo de su empresa, formamos una compañía independiente a Brom y Asociados y aceptó, gracias a Dios vamos muy bien. Platicamos qué íbamos a hacer y cómo lo íbamos a administrar para mantener qué es lo que llevábamos a casa y qué no, y gracias a Dios vamos muy contentos y muy bien”.

Mientras nuestra conversación continuaba, involuntariamente los dos se tomaron de las manos reflejando la emoción de todos esos logros como pareja hasta el momento y nos atrevimos a preguntar qué tan difícil fue. “Al principio la toma de decisiones era sólo mía” —refirió Alejandro— “pero cuando ya es tu esposa y no está de acuerdo en tu juicio tomé la determinación de decirle que yo iba a respetar sus decisiones dentro de la empresa y ver los resultados anuales como cualquier otro socio dentro del trabajo y no llevarlo a la casa”. 

Ya con la confianza de haber aceptado compartir con nosotros fragmentos de su intimidad como pareja proseguimos a ahondar en sus planes a futuro juntos: “Si me preguntas a mí es estar con él (Alejandro) toda la vida, hasta que Diosito me llame. Siempre ir formando a nuestros hijos dentro de los principios y valores que nosotros creemos, pero siempre estar juntos y poderles inculcar a nuestros hijos lo mejor”, respondió Karla con esas frases tan honestas, palpables y tangibles, que inmediatamente su esposo completó y enriqueció de manera casi natural:

“Yo lo que busco día a día es tener más áreas de convivencia donde se fortalezcan los valores y principios, el esfuerzo con mi esposa, estar con ella toda la vida y con mis hijos para que seamos una fuente de admiración y de gusto de estar conviviendo con sus papás el tiempo que se pueda”, dijo Alejandro.

Los dos hicieron una pausa y parecieron ensoñar un pensamiento compartido que se esparció y nos envolvió, contagiándonos esa energía tan linda que irradian ambos. Eso nos hizo preguntar sobre alguna anécdota que haya reforzado su matrimonio y que quisieran compartir con todos nosotros:

“Tenemos muchas” —dijo Alejandro mientras ofrecía una sonrisa de complicidad a su esposa— “pero la primera, que fue muy dura, es que no podíamos tener hijos. Fuimos al doctor, lo logramos después de dos años y la primera noticia difícil para enfrentar como matrimonio es que nos dijeron que posiblemente nuestro hijo tenía síndrome de Down, entonces al final ella pensaba una cosa, yo pensaba otra: dónde atendernos, si era en Estados Unidos, qué doctor, etcétera; pero al final la agarré de las manos y le dije: ‘No te preocupes, yo creo que no hay mucha decisión en nosotros, es de fe, Dios está con nosotros y lo que Él nos quiera mandar va a ser lo mejor para nosotros’”.

“Cuando la tomé de las manos en el hospital, que nos dieron ese análisis, fue una transmisión de energía, ternura, emociones y miedo. Evidentemente el saber por qué estábamos el uno junto al otro nos hizo reforzarnos porque me di cuenta que con los dos nos hacemos más fuertes, somos una pareja que nos fortalecemos juntos. Fue muy duro y marcó mucho nuestro matrimonio. Se oye medio triste la experiencia pero para mí, ahora que me dices, es una experiencia muy bonita. Nuestro hijo nació sin dicho síndrome, muy saludable y sin ningún problema”, narró Alejandro.

“Al final son decisiones difíciles y que normalmente no se hablan, pero cuando se te presenta en la mesa y tienes que tomar una decisión o tienes que dar tu punto de vista y no sabes cómo lo va a tomar la otra persona es algo enriquecedor. Para mí fue como darme cuenta que a pesar de que pase lo que pase vamos a estar bien porque estamos juntos”, expuso Karla.

Al ir escuchando cada una de sus palabras nos sentimos agradecidos de ser testigos de descubrir ese lado humano que pocas veces se puede mostrar a gente fuera de su círculo familiar, el sentimiento de sus voces arrasó y golpeó bellamente nuestros sentidos para crear lazos de empatía con esta maravillosa pareja. Todavía con ese nudo simbólico en la garganta finalizamos nuestra plática queriendo saber un pensamiento dedicado cada quien a su contraparte:

“Le pediría a Alejandro que se vuelva a casar conmigo” —sus ojos brillaron con un fuego de juventud eterna—. “Que lo amo, que es para mí un gusto, un disfrute y un deleite que él esté conmigo, que sea mi esposo, que sea el padre de mis hijos y…” —sus ojos se humedecieron no ocultando esa felicidad total y amor desmedido que siente— “…es el amor de mi vida, estoy feliz a su lado. Él me ha enseñado muchas cosas, he tenido un crecimiento en la parte personal muy importante con él” —las lágrimas no pudieron contenerse más ante un amor tan intenso—.

Él la vio con ternura y devoró en su mente cada palabra que dijo su alma gemela, la emoción fue palpable detrás de sus anteojos y su expresión tan espontánea que demostró el gran amor que siente por ella; sus palabras fluyeron de manera orgánica casi como ignorando el mundo que los rodeaba y sólo concentrándose en su bella “Karlita”: 

“Yo te quiero decir que te amo sobre todas las cosas, que te estoy muy agradecido porque sin tu apoyo no hubiera podido lograr nada ni sentirme satisfecho, lo mejor que tengo es mi matrimonio y mi vida contigo (Karla), mi mejor recompensa son nuestros hijos y la satisfacción del apoyo, que siempre estás ahí en la parte de negocios, decida bien o mal y lo mucho o poco que tenemos es por nosotros mismos y ese apoyo me hace sentir que te amo cada día más”.

Como una maquinaria perfecta y en un movimiento totalmente puro e inalterado la entrevista concluyó con la unión de sus labios en un beso que representó en tan sólo unos segundos, una historia de amor, complicidad, unión y comunión entre dos personas que han sabido ser pareja tanto fuera como dentro de la familia. 

Fotos: Samuel Ortiz / SEA