De la cultura del “BIG BROTHER” hacia un paradigma de la seguridad

Juan Manuel Iglesias

Colocar videovigilancia en las empresas puede tener consecuencias para los empleados, por lo que se deben tener ciertas precauciones al respecto

L

os servicios de seguridad en el siglo XXI, para ser eficientes, eficaces, efectivos y excelentes deberán incorporar cada vez más elementos de seguridad electrónica. Los CCTV permiten el monitoreo de diferentes tipos de actividades como control de ingresos y egresos, la identificación de personas, flujos de clientes, prevención de robo y actos de vandalismo en los lugares de trabajo y asistencia logística a la seguridad pública, siendo los más populares a la hora de elegir sistemas de seguridad.

        La instalación de cámaras en talleres, unidades de producción, oficinas, comedores, y otros lugares de la organización/empresa puede generar diferentes reacciones en el personal de seguridad y de la empresa-cliente. 

Análisis de caso

Los empleados y operarios que trabajan en una organización pueden experimentar lo que llamaremos “efecto Gran Hermano”, término que hemos tomado de la novela 1984 de George Orwell, es decir, que el personal puede sentirse vigilado por la empresa, que desconfían de él, que cada movimiento está siendo evaluado por la dirección, que no tienen libertad y comenzarán a adoptar comportamientos negativos que impactarán en la productividad. 

Un sistema de CCTV al estilo “Gran Hermano” puede desencadenar el miedo y el pánico a ser observados en todo momento. 

Esto es un problema que impacta negativamente en el clima organizacional ya que si escala puede convertirse en un conflicto, luego en un incidente y más tarde en una emergencia o crisis que ponga en peligro la viabilidad de la empresa.

Posibles consecuencias 

Recordemos que el miedo genera agresividad y hostilidad. Cuando esto sucede, una persona puede tomar dos caminos, ambos muy nocivos por cierto:

1 

Puede retirarse de la situación e interiorizar la agresividad como por ejemplo renunciar, o generar enfermedades tales como infartos, depresión, úlceras que pasan a formar parte de los riesgos laborales o, 

2 

Exteriorizar la agresividad contra los demás integrantes de la organización y su entorno familiar (violencia familiar y laboral) o contra los objetos de trabajo que son propiedad de la empresa con actos de sabotaje, amenaza de bomba, etc., y que a veces pueden llevar a la interrupción de las operaciones del negocio.

Otra forma de exteriorizar la agresividad producida por el miedo y la presión de sentirse observado todo el tiempo es de forma directa, a través del enfrentamiento o de forma indirecta mediante una especie de “guerra fría” con la Dirección o cualquiera de los mandos que representen a ese “Gran Hermano”.

Los vigiladores

Un análisis similar podemos hacer sobre los empleados de nuestra empresa de seguridad: los vigiladores. 

La incorporación de tecnología puede verse como una amenaza a los puestos laborales ya que la ecuación a mayor tecnología, menos vigiladores también desarrollará niveles de miedo que impactarán en el objetivo a vigilar. 

Un vigilador que teme perder su fuente de trabajo, puede transformar ese miedo en frustración y finalmente en resentimiento contra el cliente y la empresa de seguridad. Todos sabemos que ese resentimiento no es bueno porque puede alimentar la racionalización del delito. 

¿Qué queremos decir con esto? Que el resentimiento puede dar la excusa para la comisión de un delito o fraude. Son muchos los casos de vigiladores que “entregan” objetivos o brindan información desde “adentro” para facilitar un asalto o robo o son cómplices de empleados desleales que cometen delitos en la organización. 

Vale recordar el triángulo de robo del Dr. Donald R. Cressey con su triple componente: oportunidad, motivación y racionalidad. El resentimiento sirve como fundamentación que justifica el hecho: por ejemplo “como me quedaré sin trabajo entonces hago tal cosa o tal otra”. 

Soluciones

Primeramente tendremos que romper con la imagen del “Gran Hermano” que muchas veces forma parte de la cultura organizacional para construir un paradigma de seguridad de la protección y no de la vigilancia. 

Para ello debemos disponer de dos elementos: la comunicación y la capacitación. 

Si desarrollamos una política de comunicación que posicione la imagen de una empresa que cuida a sus empleados, que vela por sus necesidades y que los asiste, impactará positivamente en ellos. Por eso es importante dejar en claro que el sistema de CCTV no está allí como método de coacción sino para cuidarlos, para prevenir accidentes y todo hecho disruptivo que atente contra la seguridad. 

En este punto es relevante realizar charlas informativas y/o talleres que permitan que el personal pueda preguntar y exteriorizar sus dudas relacionadas con los cambios que se están dando en la organización.

Tenemos que incluir a los empleados de la organización como parte activa del proceso ya que la seguridad la hacemos entre todos. Para ello la capacitación e información brindada al personal es muy importante.

En el caso de los vigiladores, la incorporación de tecnología debe ser presentada como una oportunidad de capacitación y optimización del servicio de seguridad ya que detrás de todo sistema están las personas que hacen posible que el mismo sea efectivo y eficiente. 

Hoy la seguridad se dirige hacia la incorporación de tecnología, pero no debemos olvidarnos que el activo más importante que tenemos son las personas que trabajan día a día brindando lo mejor de sí mismos para cuidar los activos de nuestros clientes.