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Imagen IMPACTAR ES MEJOR QUE CONTROLAR

IMPACTAR ES MEJOR QUE CONTROLAR

Martes 30 de Octubre del 2018
José Echeverría

¿Por qué es preferible tener la aceptación de los empleados en las actividades y proyectos de protección, en lugar de pretender buscar algún tipo de tecnología que ayude a reducir los riesgos o la exposición de éstos?

Por historia y tradición la seguridad ha estado siempre representada por figuras como un escudo, por un símbolo rígido, sólido, fuerte, que dé la idea de protección, de que todo está bajo control. Nuestros predecesores en esta ardua tarea de la seguridad corporativa, así lo dice la historia de muchos países, fueron inicialmente militares y policías retirados que con conocimientos de defensa y armas gestionaron la seguridad con un estilo quizás un poco duro y con un ligero tinte de cuartel. Así con ese tono, y con una tímida proyección hacia el mundo corporativo, la gestión de la seguridad ha ido evolucionando ahora apoyada de manera transversal en la tecnología que sin duda le ha dado un enfoque protagónico y muy eficiente a nuestra responsabilidad, pero esta gestión en su esencia sigue siendo controladora.

En lo personal puedo dar fe que, con el único afán de mantener la incidencia de seguridad en números bajos, muchas veces deseé tener a todos los colaboradores de la empresa monitoreados y, si es posible, agrupados casi hasta enumerados a fin de procurar, según mi análisis, un buen nivel de protección. He tenido (a mucho orgullo) la posibilidad de vestir el uniforme militar y no puedo confirmar que mi formación sea la causa de ese estilo de control, si creo más bien que es la escuela de seguridad que uno recibe: proteger personas, bienes, información e imagen; lo cual es correcto, pero no todo debe estar en el mismo cajón, hay una amplia diferencia entre el primer grupo y el resto. Viendo a las personas desde el lado negativo son en realidad los generadores de la mayoría de los riesgos en una organización, hay un sinnúmero de argumentos y experiencias que nos confirman esto; pero también, desde el lado positivo son colaboradores muy valiosos y por su potencial son el más preciado bien de una organización.

Las organizaciones son ricas y exitosas por la diversidad de pensamientos y de personas que las conforman, las ideas, proyectos e innovaciones surgen de esa diversidad. La tendencia de las empresas modernas es evitar manejar indicadores superfluos como horas de trabajo, escritorio, de pasar una tarjeta por un lector para el ingreso y lo mismo para la salida. Ahora el cumplimiento de objetivos (desde donde estén), el home office, la “oficina virtual” que implica llevar toda la información de una empresa en una PC o en un teléfono es la tendencia, situaciones que sin duda generan otro tipo de riesgos, lo triste aquí es que, bajo nuestro esquema tradicional, la protección se volvería prácticamente una “misión imposible”.

 

EQUILIBRIO EN LA SEGURIDAD

 

Si analizamos este tema a detalle debemos concluir que como responsables de la protección estamos obligados a cambiar de paradigma, con estas nuevas cartas de juego es como debemos jugar, y es ahí donde viene de manera muy oportuna el lema: “es mejor impactar que controlar”, esto significa que para cumplir nuestra gestión como profesionales de la seguridad nos ayudará mucho más, llegar a captar la atención y la aceptación de los empleados en las actividades y proyectos de protección que planteamos, en lugar de pretender buscar algún tipo de tecnología que nos ayude a “reducir los riesgos o la exposición” de estos colaboradores como un activo más que hay que proteger.

Este planteamiento puede ser polémico y sin duda más de un lector estará preparando una réplica, observación y hasta desacuerdo con lo que menciono. Aclaramos esto con una máxima que dice: “Los extremos son malos”, esto no se trata de evitar tecnología y dedicarnos a convencer o “evangelizar” a las personas que debemos proteger. Tal como se administra cualquier sistema de seguridad, que es la conjunción de varios subsistemas, se trata de buscar el punto de equilibrio entre control y convicción, si la gente recibe de manera positiva nuestro mensaje, la razón por la que debemos establecer ciertos controles, si ellos están conectados con los objetivos que nuestro departamento de Seguridad Corporativa tiene, no sólo responderán mucho mejor sino que también tendremos retroalimentaciones valiosas desde su punto de vista y, colaboración, mucha colaboración para cumplir nuestra función. 

No podemos negar que existe una vorágine consumista de tecnología en la actualidad, lo que hoy usamos para proteger quizás en un par de años podría estar caduco, desactualizado, deficiente, etc. Desde el punto de vista de las finanzas, que es lo que a todo CEO le interesa, dejo planteada una pregunta: ¿Será más conveniente, quizás, trabajar en la receptividad de las personas que en la implementación o el “upgrade” cotidiano de más y más herramientas e implementos de tecnología para proteger? Cabe recalcar que lo pregunto, no lo afirmo, lo dejo para el análisis de cada lector sugiriendo que: en esta era del conocimiento, para nada es conveniente pensar en las personas que protegemos como un ente pasivo, como un número más, porque el esfuerzo será de una sola vía, si a estas personas las vemos como socios estratégicos, aliados, colaboradores, etc., y así los tratamos, el esfuerzo por conseguir los objetivos de protección será en dos vías, compartido y mejor aceptado.

En lo personal he seguido algunas lecturas y autores de estas interesantes tendencias que me parecen muy necesarias y oportunas, términos como la “neuroseguridad”, “seguridad colaborativa”, “seguridad más humana”, etc., dan cuenta que es tiempo de invertir en programas de concienciación, de sensibilización, de apuntar a las neuronas de un cerebro receptor al cual necesitamos motivar e invitarlo a compartir nuestras ideas, invertir en estrategias de comunicación para quienes cumplimos las tareas de proteger, para impactar, para transmitir lo que queremos legar. 

“No sólo se trata de saber, sino de comunicar”; el punto, estimados colegas, es que no es suficiente saber cómo proteger, es vital saber comunicar de manera efectiva lo que hacemos, por qué lo hacemos y cuáles son los beneficios que en conjunto todos obtendremos al procurar la protección adecuada. Si lo logramos, estaremos dando el “tan ansiado salto al espacio” que nuestra gestión necesita, nos preparamos para el futuro y sus nuevas tendencias con una mentalidad resiliente, con riesgos cambiantes y retadores, de lo contrario seguiremos circunscritos a un lugar, agrupados, enumerados y limitados a que simplemente la tecnología, la rigidez y el control haga su parte en la protección. 

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