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Imagen CAPITÁN JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ GUZMÁN Equilibrio en la seguridad

CAPITÁN JOSÉ CARLOS SÁNCHEZ GUZMÁN Equilibrio en la seguridad

Jueves 25 de Junio del 2020
Staff Seguridad en América

En esta ocasión SEA tuvo una amena charla con el director de Grupo Empresarial Casa y OSAO, quien ha tenido una larga carrera dentro de la seguridad nacional, pública y privada. Nos compartió sus inquietudes, cómo fue que llegó a ser un emprendedor, sus pasatiempos, así como anécdotas y experiencias

Iniciando el año, me reuní con el Capitán José Carlos Sánchez, con nosotros también se encontraba el director general de Seguridad en América (SEA) —Samuel Ortiz—, y tuve una interesante charla en donde pude conocer mucho más sobre este influyente de la seguridad en México, a quien había tenido el placer de conocer durante un evento de seguridad que se realizó en la Ciudad de México hace ya algún tiempo, pero a quien no había entrevistado, todavía. 

Supongo que es mucho más fácil, entrar en confianza con alguien a quien previamente has entrevistado, por lo que en esta ocasión pensé que tal vez sería un poco más complicado pues nunca había tenido el honor de entrevistar al Capitán. 

Sin embargo, conforme pasaba el tiempo y se iba desarrollando nuestra plática, me di cuenta que el Capitán es una persona realmente muy amena y agradable, así como un buen conversador. Anécdotas iban y venía durante el desayuno. 

Inicios en la seguridad 

Al terminar el desayuno y continuar nuestra charla, pregunté al Capitán Sánchez, ¿cómo es que había llegado a la seguridad? A lo que respondió que después de la secundaria ingresó al Colegio Militar y de ahí en adelante inició su larga carrera dentro de este sector. 

“Soy originario de Morelia, Michoacán; el más chico de 10 hermanos. Mi familia era muy humilde y no teníamos, la verdad, ni para comer. A los 15 años entré al Colegio Militar aquí en la Ciudad de México y me gradué a los 19 años como cadete. 

Recuerdo que llegué al Ejército y en ese tiempo hice los exámenes en Popotla, ahí estaba anteriormente. Después de pasar los exámenes me mandaron a las instalaciones ubicadas en Tlalpan, a estrenar Colegio Militar. 

Decidí ingresar cuando terminé la secundaria en Morelia, llegué al colegio con huaraches de tres correas, mis primeros zapatos fueron botas militares. Cuando llegué a Popotla, que está sobre la México-Tacuba, un tío que tenía aquí en México, me llevó al colegio y me dijo: ‘Ese es el Colegio Militar’. Me bajó de su carro y ahí me dejó. 

Todos los días entraba a las ocho de la mañana y salía a la una de los exámenes durante 10 días. Después de hacer las pruebas nos sacaban del colegio, entonces como no había más que hacer me ponía a recorrer toda la México-Tacuba, no tenía dinero para pagar un hotel ni para comer. Vivía en la calle y no sólo yo, también otros jóvenes que venían del interior de la república. 

Al aprobar los exámenes, entonces nos notificaron que ya éramos numerarios, lo que significa que ya íbamos a poder dormir en las instalaciones del Colegio Militar, entonces todos dijimos: ‘Bendito Dios’. Sin embargo, la primera noche ya queríamos salirnos. 

Ese día que nos quedamos ahí, los antiguos nos dieron una golpiza, a mí me agarraron y me tiraron por las caballerizas para afuera del colegio; ahí por la vía. Yo pues me tuve que subir como pude para regresar y entrar. Fueron unas aventuras que yo creo que ni a los Niños Héroes les pasaba (risas). 

Entré al colegio en 1976 y me gradué en 1980, pasé por todos los cargos, como todos los que nos preparamos ahí, cadete deprimer año, segundo año, cabo de cadetes y sargento segundo de cadetes. Como dicen, ‘es el yunque forjador de hombres de guerra’; de veras que le da a uno unas experiencias… El Colegio Militar es muy bonito puesto que a uno le forman el carácter y la personalidad, donde enseñan a ser disciplinado, ser autosuficiente, valorar la vida y sobre todo la lealtad. Entonces ahí es donde nosotros hicimos los cuatro años y me gradué de subteniente de la Armada de Infantería. Si volviera a nacer, me vuelvo a meter al Colegio Militar”, aseguró.

Forjando experiencia en seguridad nacional, pública y privada 

Asimismo, indicó que después de salir del colegio, lo mandaron al 12 Batallón de Infantería ya como subteniente, y aunque el batallón estaba en San Quintín, Baja California, él no se alistó con ellos hasta que llegaron al campo militar de la Ciudad de México. 

“No me moví a San Quintín porque me indicaron que tenía que esperar pues se estaban moviendo hacia Morelia; sin embargo tampoco pude integrarme allá en mi tierra sino fue hasta que llegaron aquí a la ciudad. Con ellos estuve un año ocho meses y de ahí me mandaron a otra unidad que se llama el Segundo Grupo de Morteros de 81 milímetros. Ahí aprendí paracaidismo pues estuve en la brigada de paracaidistas. 

Del segundo grupo de Morteros me mandaron a la Tercera Brigada de Infantería y así estuve recorriendo todas las unidades por mi vida militar y a veces me cambian a los seis meses, al año o a los dos años. También regresé al Colegio Militar como oficial de alumnos, como maestro, siendo teniente. 

Durante este cargo, fue el momento de mi vida en que me casé y recuerdo que yo no tenía auto para llevar a la novia el día de la boda, y entonces había un cadete, apellidado Peletier, su mamá tenía unos carros muy bonitos, y como conocía a la señora, le comenté al cadete que le iba a pedir prestado uno de sus autos. 

Peletier me dijo: ‘Yo se lo presto, Teniente, para qué le dice a mi mamá…’, pero entonces yo le dije que por respeto tenía que pedírselo a ella directamente y entonces el jueves, que era el día de visita, el cadete le comentó a su mamá mi petición del préstamo del auto porque me iba a casar y su mamá respondió: ‘El que quiera, el teniente. Tengo uno negro precioso…”’. 

Al escuchar la respuesta, le comenté a la mamá del cadete que me prestara el Dogde Coronet que tenía; uno muy bonito con una llanta detrás. Así que ese fue el que me prestaron y lo utilicé el día de mi boda que fue el 21 de diciembre. 

Después de ahí me mandaron a Valladolid, Yucatán; luego regresé a la Brigada de Policía Militar, estando ahí ya era Capitán, me comisionaron en el Colegio de Policía del Estado de México, estuve en Almoloya de Juárez, era el único, en aquel tiempo, así fue como comencé a conocer la seguridad pública y privada. 

Después de un tiempo, pensé que de algo tenía que vivir y entonces dije: ‘voy a hacer una empresa de seguridad privada’ y así nació GECSA, en 1999. Mi primer cliente fue el Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas (ISFAM) y ya después fue creciendo la compañía hasta la fecha.

Ya estando de Capitán, me dieron licencia especial sin goce de haberes en el ejército y me metí de lleno a la seguridad privada. Un día un cliente me dijo: ‘Capitán, por qué no se certifica’ y fue así como iniciamos el estudio para aplicar al CPP. 

Recuerdo que le pregunté en dónde se estudiaba eso y entonces comenzamos a buscar y encontramos a Rubén Fajardo. Entré a la preparación y me certifique, pero el ingeniero que me había invitado, al final no hizo la certificación. 

Yo creo que ASIS me ha abierto las puertas y me ha dado mucho: viajes conocimientos, estudios, actualizaciones, he capacitado en Capitulo México, Occidente y Puebla; me fascina porque me desestreso. 

Después de que hice la certificación, hice el Diplomado de Seguridad Integral (DSI) en la Universidad del Valle de México que imparte Rubén Fajardo. Fue tanta mi pasión por la seguridad que posteriormente hice el DSE que imparte la Universidad de Comillas. 

También estudié la carrera de Administración de Empresas pues cuando salí del Ejército, no sabía nada sobre impuestos y pagos a Hacienda; entonces me metí a estudiar en la Universidad ETAC para entender todos estos procesos. 

Me preparé como no se imagina para hacer el examen de PSP y que nos cambian el examen, fue en noviembre pasado; reprobamos los 10 que fuimos a presentarlo. La anécdota radica en que al final estudiamos y aprendimos mucho todos, aunque no lo pasamos. Qué es lo que cabe aquí, estudiar nuevamente y volver a aplicar para el PSP, pero de algo es seguro, aprendí mucho. Yo no lo tomó como algo malo, sino como algo positivo, y enseña a no confiarse en nada y continuar estudiando”, comentó. 

Equilibrio para una larga vida 

Uno de los temas que más llamó mi atención durante la plática que tuve con el Capitán Sánchez, fue que al hablar sobre sus pasatiempos, señaló que una parte importante para todas las personas que se desempeñan dentro del sector de la seguridad es mantener el equilibrio. 

“Recomiendo no apasionarse mucho porque los hombres que trabajamos en seguridad, todos los días tenemos problemas que se deben solucionar, entonces el nivel de equilibrio que se debe llevar es muy importante ya sea que haga un deporte, se dé tiempo para estar en casa, profese una religión, etc., por tanto si yo me apasionó mucho por los problemas de una empresa, sabe qué me va a dejar: hipertensión y diabetes, nada más. 

Para mí la seguridad es apasionante, nunca es la misma, siempre cambia y hay que estar al pendiente de todo pues como dice la máxima: ‘La seguridad no se ve, hasta que falla’. Pero es necesario tener un equilibrio para mantenernos saludables. 

Me gusta hacer ejercicio y mis deportes favoritos son el soccer, el futbol americano, béisbol y el squash. Procuro hacer ejercicio mínimo tres veces al día, ir al gimnasio, o voy a caminar; sin embargo nunca fallo en activarme con alguna disciplina”, comentó. 

Asimismo, me llamó la atención que el Capitán, durante el tema del deporte, comentó que todavía sigue jugando unos 10 o 15 minutos con el equipo de futbol que tiene GECSA, una forma muy interesante de activarse y al mismo tiempo de involucrarse con sus colaboradores. 

Mientras hablábamos de su afición por los deportes, el Capitán Sánchez me platicó que durante su estancia en el Colegio Militar fue parte del equipo de futbol americano de la institución, que se hacía llamar Aguiluchos (“lo mejor de futbol americano México”). Ingresó al equipo porque no había uno de soccer, por lo que decidió unirse y al final terminó enamorado de este deporte también. 

“Jugaba de ala cerrada y entré al equipo porque en ese tiempo no había soccer; en mi barrio de Morelia yo jugaba futbol y ahora lo sigo jugando pero ya poco. 

A inicios de diciembre del año pasado, el Ejército me honró al mandarme a Estados Unidos para acompañar al equipo de futbol americano que jugaría contra los Marines de la US Navy. Yo fui a representar a la Asociación de Ex Jugadores de Futbol Americano del Colegio Militar. Llegamos a Annapolis, Maryland, para enfrentar a los Marines de la US Navy, claro nos ganaron 34-0; pero es que esos jugadores nacen con su baloncito de americano; no obstante fue una experiencia inolvidable. 

Actualmente voy a ver los partidos de americano todos los sábados en el Colegio Militar. Fueron campeones el año pasado en la liga de Morelos en la que juegan. Sin embargo ya para febrero comenzarán a jugar en la liga intermedia de la ONEFA. 

Si usted me preguntará: ¿cómo le hace para llevar a cabo su trabajo dentro de la seguridad? Le diría: el deporte, la religión, el trabajo y el estudio son los que me han ayudado a llevar una vida equilibrada. Una persona que dice que no tiene tiempo es una persona mal organizada”, aseguró. 

Tiempo y salud para el futuro 

En este punto, ya en la última etapa de la entrevista, pregunté al Capitán Sánchez qué era lo que tenía pensado para el futuro, cuáles eran sus planes. A lo que él respondió: “dejar buenos cimientos”; refiriéndose a su empresa y su vida. 

“Hay que formar buenos cimientos, a nivel de mi empresa planeo que se hagan dos certificaciones empresariales: ISO y ESR (Empresa Socialmente Responsable). Otro de los objetivos al menos en este año, es crecer de 20 a 15 por ciento. 

Asimismo, si Dios me lo permite, lo primero que quiero hacer es cursar en el IPADE el programa de Alta Dirección de Empresas, que el año pasado tuve que postergar por diferentes razones. 

Por otra parte, también uno de mis objetivos para el futuro es poder disfrutar de mi etapa como abuelo, de una nena bellísima de dos meses, y también de mi familia, mi esposa y mis dos hijas Lidia y Karina. 

Finalmente, quiero decirles a todos los colegas y personas en general que ante la situación que se está viviendo, mi consejo es que la mejor forma de salir adelante en esta situación es trabajando, no le busquemos de otra. No nos apasionemos por todos los problemas que se ven y escuchan en las noticias, mejor vamos a buscar clientes, dar calidad y trabajar”, aconsejó. 

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